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En el siglo V, al ser fundada la ciudad de Oporto o Porto, se la denominó Portus cale, nomenclatura de la que derivó el país Portugal, famoso por el envasado y comercialización de sus vinos, no por la producción.
En realidad, debemos referirnos a 'los vinos de Oporto' y no al 'vino Oporto', ya que los genuinos son de tipos diversos en tintos y blancos, dulces y secos, aunque el más famoso sea el tinto maderizado, alcoholizado y dulce que se imita en muchos países.
Portugal y su actividad relacionada al vino se vio favorecida por los enfrentamientos entre Francia e Inglaterra y por inversiones inglesas, llegando a firmarse en 1703 el tratado de Methuen que oficializó el intercambio de los vinos portugueses por lanas inglesas.
La ciudad de Oporto está ubicada en la orilla derecha del río Duero, a poca distancia de su desembocadura en el Atlántico, y es en el suelo pedregoso de sus terrazas donde se cultivan las viñas que producen las uvas para los vinos de denominación.
De las variedades implantadas las principales son la touriga nacional muy parecida a la cabernet franc francesa, la sousao, la touriga francesa y otras, todas para los vinos tintos, y la malvasía, veldelho, para los blancos.
La elaboración y la crianza de los vinos se efectúan en Vila Nova de Gaia y su estacionamiento debe ser de más de cinco a seis años. Hay quien asegura que recién adquiere su plenitud a los veinticinco o treinta años. El encabezado se realiza con aguardiente de vino, cortando su fermentación y dejando azúcar natural del mosto en gramaje que cada bodega determina. Luego, se efectúa el blend o mezcla con doce vinos distintos y a veces más.
Los vinos vintage o sin mezcla generalmente son extra-secos o secos y casi siempre blancos.
Entre sus vinos se destaca el Oporto de Costra, vino embotellado con cuatro años de estacionamiento en vasija y guarda de diez, que en la actualidad no se comercializa; el Tawny Port, vino con tonalidades castaño brillante, fruto de su largo añejamiento, majestuoso, afectivo y cálido, debiendo consumirse en fecha cercana a su embotellado; los Full u Oportos cabales, cuando son vintage son realmente superlativos. He probado uno de cuarenta y dos años, que exigía tomarlo con los ojos cerrados, a fin de dar rienda suelta a la imaginación para sumergirse en un mar de sensaciones melares, finos robles trascendentes, alcohol generoso y sensual, aroma casi de perfumería y un todo que ejercía un efecto cosmético en la boca y sus adyacencias.
Servidos a baja temperatura como aperitivo, los Oportos blancos extra secos o secos compiten con el Jerez. Como buena expresión, Portugal es un ejemplo por su muy buen nivel de consumo vínico, casi 100 litros per capita.
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