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Una pequeña reseña histórica de los orígenes del vino, y algunas curiosidades históricas sobre él y nuestros antepasados
Orígenes del vino hasta nuestros días
Según cuentan historiadores, el vino nació en las montañas Zagros del oeste de Irán, en las montañas Taurus de Turquía o en el Cáucaso, pero fue un descubrimiento tan increíble que se extendió con gran rapidez, siendo su nombre parecido en la mayor parte de las lenguas: wajnu en protosemítico y woi-no en indoeuropeo.
Asimismo, a lo largo de la historia se ha destacado la distinción entre el vino (placer de la élite en la antigüedad) y la cerveza (consumida por las masas), ya que ésta es un invento científico, mientras que el vino puede producirse de manera natural. Combinando superstición poética y espíritu práctico, en la antigüedad se atribuyó al vino cualidades misteriosas y, al mismo tiempo, se le dio una serie de usos muy pedestres. La resurrección anual de la vid, las facultades de autotransformación de la uva y el éxtasis mágico del vino se asociaban con mitos y deidades, desde Baco a Cristo. No obstante, el Islam tomó en dirección contraria y lo desacralizó, ya que Mahoma consideraba que el vino nublaba y condenaba las almas, y corno la perdición era más temible que la muerte, el vino fue prohibido.
Los griegos y los romanos democratizaron el consumo de vino. Los filósofos debatían grandes ideas en los simposios (syn, "con", + posis, "bebida"), pero todos lo tomaban, hasta los esclavos. Así, no pasó mucho tiempo hasta convertirse en un buen negocio, incluso los egipcios colocaban en las jarras sellos de arcilla que contenían información sobre el contenido y sus orígenes. Para el siglo III a.C, el vino ya constituía un mercado floreciente en Grecia, y había unos doscientos bares en Pompeya antes de que tuviera lugar la madre de todas las resacas en el año 79 d.C.
Lo cierto es que, más allá de la cultura y religión que se haya profesado, desde un primer momento, se consideró al vino algo místico y peligroso, mientras se le atribuían propiedades nutritivas y medicinales. En el curso de su historia, casi siempre se consumió el vino como acompañamiento de las comidas, por lo que también se lo consideró alimenticio, fortalecedor y fuente de energía.
Historia de la vitivinicultura en Argentina
De acuerdo a la historia, cuando el español salió en busca de las Indias, llevaba el vino como compañero, y el sacerdote que también formó parte de la cruzada, lo lleva para reproducir diariamente el milagro divino. Indudablemente, el vino llegó a América de mano de los conquistadores, quienes plantaron vides para poder continuar con sus costumbres.
En nuestro país, la historia de la vitivinicultura se remonta a esa época al estar el cultivo de la vid estrechamente unido con las prácticas agrícolas del colono español. A mediados del siglo XVI, los conquistadores llevaron a Cuzco las primeras plantas de vid, de la especie Vitis vinífera. En 1551, fue conducida a Chile y, seis años después, introducida a Argentina por vecinos de Santiago del Estero, desde donde se propagó el cultivo hacia el centro, oeste y noroeste del país.
Si bien no hay datos exactos sobre la fecha de implantación de los primeros viñedos en Mendoza y San Juan, algunos historiadores creen que primero se realizaron en esta última, entre los años 1569 y 1589, por lo que puede decirse que Vitis vinífera llegó a la República Argentina a mediados del siglo XVI.
Con ello, los colonizadores no sabían que, además de crear ciudades, se estaba poniendo la semilla de una actividad que estaría ligada para siempre con la vida espiritual y económica de sus poblaciones, la de la vid y el vino.
Favorecida por óptimas condiciones climáticas y de suelo, la vitivinicultura se fue extendiendo, principalmente, en las provincias andinas. Al comienzo se producían vinos en volumen reducido, limitado a satisfacer las necesidades de las pequeñas comunidades de la colonia. La elaboración era rudimentaria, doméstica, y un procedimiento generalizado entre los viñateros, quienes llegaron a obtener productos de buena calidad.
A partir de 1853, importantes hechos transformaron la región vinícola más importante del país, principalmente fortalecido y dinamizado con la instalación, en 1884, del ferrocarril que vinculaba a Mendoza y San Juan con Buenos Aires. De allí en más, las provincias cuyanas se convirtieron en proveedoras de productos fruti-hortícolas y, en especial, de vino para abastecer al mercado nacional y, en menor escala, al internacional a través del puerto de Buenos Aires.
Otro hecho importante fue el dictado de leyes de aguas y tierras, pero el más decisivo fue el aporte de una gran corriente inmigratoria europea, a fines del siglo XIX y principios del XX, compuesta por hombres conocedores del quehacer vitivinícola, provocando un cambio esencial en el cultivo de la vid. Estos inmigrantes trajeron consigo nuevas técnicas de cultivo, otras variedades de vid para la elaboración de vinos de calidad, que encontraron en nuestro país un hábitat ideal para su desarrollo, y la innovación de las prácticas enológicas utilizadas en las bodegas, así como también ciertas denominaciones de sus lugares de origen.
Otro de los hechos que más incidió en la historia de nuestra vitivinicultura es la importancia otorgada a la capacitación y perfeccionamiento de los técnicos, prueba de ello es la creación de la Bodega de la Escuela de Enología de la Quinta Agronómica en ciudad de Mendoza a principios de 1900, convirtiendo la actividad en un movimiento basado en la ciencia y el estudio.
Fuente: http://www.oni.escuelas.edu.ar
Argentina actual
Superficie con viñedos
En los últimos quince años, la vitivinicultura en Argentina ha tenido una profunda transformación cualitativa tendiente a alcanzar un mejoramiento de competitividad y produciendo una reconversión varietal de los viñedos:
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Entre 1979 y 1990: disminuyó la superficie con viñedos en 105.984 has (33,50% menos).
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Entre 1990 y 2000: se redujeron otras 9.258 has (4,40% más).
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Año 2003: la superficie mostró un leve crecimiento del 4,68% con respecto al año 2000 y en cantidad de viñedos del 3,63%
Variedades: se ve un importante crecimiento de la superficie con variedades tintas: entre 1990 y 2003 se produjeron 39046 has, principalmente malbec, bonarda, cabernet sauvignon, syrah, merlot y tempranillo. Respecto a las variedades blancas, entre los años 1990 y 2000 se produjo un aumento del 38,76%, principalmente chardonnay y sauvignon blanc. No obstante, desde el 2000 al año 2003 se observa una disminución del 4,74%.
Elaboración de vinos y mostos
Ha disminuido, consecuentemente a la reducción de la superficie la producción de vinos. Históricamente, 1987 fue uno de los años en que se alcanzó una mayor elaboración, con 26 millones de hl. En la cosecha 2004, se descubaron solamente 15464.289 hl.
Ello se debe a los cambios cualitativos y a la importancia que ha adquirido la industria del mosto, principalmente por la apertura de mercados externos y por el acuerdo entre los gobiernos de las dos principales provincias productoras, Mendoza y San Juan, fijando un porcentaje mínimo anual de uvas destinadas a la producción de mostos, con el objeto de promover la diversificación vitivinícola y evitar los excedentes vínicos. Ello se debe a que el mosto concentrado ha constituido una importante salida económica para el sector.
Consumo interno y externo
Las modificaciones mencionadas están en relación con los cambios en el consumo, tanto a escala mundial como nacional, así como la reducción y preferencia por vinos de mayor calidad que determinaron una nueva relación entre oferta y demanda de vinos. Sin embargo, Argentina es un país consumidor en índices importantes, oscilando los 12 millones de hectolitros anuales promedio.
Si bien las exportaciones de vinos han sido fluctuantes y disminuyeron a partir de 1999 en un 19% con relación a 1998, nuestro país es el quinto productor mundial de vino, detrás de Italia, Francia y España y ocupa el primer lugar dentro de América y el hemisferio austral. En nuestra economía, la vitivinicultura es la tercera agroindustria nacional, después de la carne y los cereales.
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1999-2001: se exportó un volumen promedio de 800000 hectolitros anuales
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2003: se incrementó un 50% en volumen y un 32% en valor FOB, con 1852260 hl y 169.150.000 dólares estadounidenses.
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Enero-octubre 2004: disminuyó en volumen un 22,36% con respecto a 2003, no obstante, el Valor FOB se incrementó un 34,44%. Para vinos varietales, se han comercializado 534.696 hectolitros, disminuyendo el 5,97% respecto a igual período del 2003, pero aumentó un 38,16% la cantidad de dólares ingresados por estas ventas. Para vinos genéricos, disminuyó en volumen un 41,07%, aunque aumentó un 27,27% en los dólares obtenidos por su venta.
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