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Desde hace mucho tiempo el vino esta considerado como un elemento de base en la nutrición humana. Ya en el Eclesiástico se prueba que 1000 años antes de nuestra era se admitía al vino como alimento de primera necesidad, tan indispensable como el pan: "Ve come alegremente tu pan y bebe con gusto tu vino".
Además de sus virtudes higiénicas y dietéticas, el vino, lazo de unión entre la Tierra y el Espíritu, es el único alimento que ha respondido, en carácter de único y de manera ideal, a este deseo inherente de la raza humana.
Pero, para disfrutar de las propiedades del vino, es necesario respetar los límites diarios. En sujetos adultos, en buen estado de salud y cuya ración alimenticia es suficiente y equilibrada, el organismo puede tolerar un litro de vino para un hombre y tres cuartos de litro para una mujer.
Valor alimenticio y calórico
El vino es una bebida que contiene casi 900 gramos de agua por litro, un verdadero alimento líquido de incomparables virtudes por la riqueza de los elementos que lo integran. A su vez, si los métodos modernos permiten separar y dosificar los componentes del vino, no revelarían la parte de milagro y de misterio que da al vino todo su valor de alimento simbólico y sagrado. Es que el bienestar, la euforia que invade cuerpo y alma cuando degustamos un buen vino, no pueden traducirse en miligramos de tal o cual elemento.
Se conocen las ventajas digestivas que provoca la ingestión de un buen vino en las personas sanas, incluso, tomado en cantidades moderadas y acompañando la comida tiene un efecto euforizante complementario. Sin embargo, debe acompañar las comidas, y no ingerirse solo, ya que el estómago vacío aumenta la rapidez de la absorción del alcohol y, por lo tanto, la aparición de efectos secundarios indeseables.
Actualmente, los nutricionistas se inclinan por clasificar al vino como un alimento más que como un tónico. Aunque no considerásemos al vino mas que como una disolución de alcohol en agua, el vino sería ya un alimento o, al menos, un alimento de ahorro, ya que el alcohol es utilizado inmediatamente por el organismo permitiendo economizar otros elementos energéticos. El más importante aporte nutritivo consiste en el valor energético del alcohol, este produce siete calorías por gramo (tres más que las proteínas y los Carbohidratos), pero sólo son beneficiosamente utilizadas por el organismo si van unidas a las otras sustancias indispensables para la salud (casi no aporta vitaminas). Sólo se puede ser un buen bebedor si además se practica una correcta alimentación.
Respecto a las calorías, un litro de vino aporta al organismo de 600 a 1000 con una media de 600 a 700 para el vino tinto. Mientras que los vinos blancos licorosos ricos en azúcar, son más calóricos que los vinos blancos secos, los dulces naturales, los vinos de licor, a la vez cargados de azúcar y alcohol, son los vinos mas calóricos.
Vitaminas
El vino aporta al organismo todas las vitaminas contenidas en la uva, y aunque sólo fuera por esta riqueza vitamínica estimamos que no sería exagerado calificar al vino de "bebida viviente".
En nuestro vino cotidiano encontramos: vitamina C (acción sobre toda forma física, resistencia a la fatiga y al frío); vitamina P (C2, ahorro de la vitamina C, acción tonificante, aumenta la resistencia); vitamina B2 (riboflavina, de utilización nutritiva, interviene en el metabolismo de los glúcidos, de los prótidos, de las vitaminas A, Bl y PP y de las hormonas corticosurrenalianas); vitamina B3 (estimulante del funcionamiento de las células).
Sales minerales y oligoelementos
El organismo humano no puede vivir sin azufre, cloro, sodio, potasio, magnesio, calcio, hierro, etc. Estos son indispensables para nuestra existencia, pero sólo puede asimilarlos bajo forma de sales orgánicas es decir, combinados con sustancias del reino animal o del reino vegetal, que en el vino se encuentran de forma asimilable.
Efectos bioquímicos del vino
Facilita la digestión: ya San Pablo decía a Timoteo: "Deja ya de no beber más que agua. Toma un poco de vino a causa de tu estómago y de tu frecuente malestar". Por lo pronto, gracias a su acidez natural, el vino aumenta la secreción salivar, siendo un excelente aperitivo.
La secreción del jugo gástrico se encuentra también excitada y acrecentada por el vino, bebida que contiene, diastasas análogas a las de nuestros jugos digestivos, lo que le permite venir en ayuda de los estómagos fatigados y deficientes. Su tanino es un excitante de las fibras de todo el aparato digestivo, por lo que el vino actúa como estimulante de las secreciones intestinales y evita el estreñimiento.
Pero sobre todo, se ha comprobado que el vino facilita poderosamente la digestión de los prótidos (carnes, pescados, ostras, quesos), gracias a su acidez iónica y a su débil presión osmótica. Así, maridado con las carnes, pescados, mariscos, crustáceos y quesos, el vino no es solamente un refinamiento epicúreo, sino también una sabia medida de higiene digestiva, científicamente probada.
Es un antiséptico: el poder bactericida del vino ha sido reconocido desde hace mucho tiempo, los sumerios utilizaban bálsamos y pomadas a base de vino, y nuestros antepasados se servían de ella instintivamente para lavar las heridas y desinfectar las llagas. Ello se debe al alcohol que contienen y a sus ácidos, a su tanino, al ácido sulfuroso y a los éteres.
De igual manera, la costumbre gastronómica que consiste en acompañar con un buen vino blanco, una degustación de ostras o de mariscos, constituye, además una notable precaución higiénica.
Posee propiedades antitóxicas: lo convierten en un agente terapéutico ya probado en la profilaxia de las enfermedades contagiosas y febriles y en ciertas infecciones toxicas, como la gripe. El buen vino caliente y aromatizado de otros tiempos, continua siendo un elemento antigripal excepcional, y el escabechado y la cocción al vino piezas de caza son prudentes prevenciones de higiene alimentaria.
Prevenciones múltiples: últimamente se han publicado ciertos efectos benéficos que el tanino de la vid produce en la salud humana en su carácter de protector vascular, antialérgico, antirreumático, prevención antitumoral. A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) demostró estadísticamente que la incidencia de infarto cardíaco consecuencia de la arteriosclerosis, era sensiblemente más baja en los países que consumen preferentemente bebidas de baja graduación alcohólica como el vino. Asimismo, el aparato circulatorio se encuentra protegido por componentes del vino, esas sustancias son las procianidinas, cuyos efectos fisiológicos se ejercen sobre el colágeno y la elastina, sobre el colesterol, sobre el ácido ascórbico y sobre la histamina, reduciendo en gran medida la muerte por infartos cardíacos. Se demostró, por último, que quienes beben dos vasos de vino diario logran disminuir la presión, estabilizando el colesterol.
Valor Psicológico, social y cultural del vino
Efectos psíquicos: ingerir vino en cantidades moderadas, especialmente durante las comidas, tiene efectos beneficiosos sobre el equilibrio psicológico del ser humano. Esa acción, unida al placer intelectual de la degustación, son de gran efectividad para estimular las funciones superiores del ser humano.
Aspectos sociales: el vino tiene una tradición inmemorial como aglutinador social. Tanto en ceremonias rituales y religiosas de la antigüedad, como en los actos desacralizados actuales (comidas, cenas íntimas y banquetes), el vino es especialmente compartido y su consumo ha representado un factor de cohesión social, siendo un símbolo de las alegrías, celebraciones y emociones de los pueblos.
Aspectos culturales: el vino forma parte de una manera de entender la vida, con un equivalente en la forma de alimentarse. Aunque actualmente está recomendada por la mayoría de instituciones internacionales por sus aspectos beneficiosos para la salud, deberíamos incorporar una dieta sobre bases nutricionales o bioquímicas, teniendo en cuenta que frutas, legumbres y hortalizas; leche y quesos; el aceite de oliva, con múltiples beneficios; el vino mismo proporciona una gran variedad de compuestos fenólicos, de gran utilidad cardiovascular y antioxidante; pescado y pollo como fuentes de proteínas
Por estas razones, nada más idóneo para concluir que citar a Luis Pasteur, para quien "El vino es la más sana e higiénica de las bebidas".
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